Hay una línea bastante clara entre reivindicar mejores condiciones laborales y tomar el pelo al personal. Que un trabajador mejor pagado, descansado y conciliado desempeñará mejor sus funciones está claro. Que pedir 32 horas semanales cuando todavía no se ha terminado de adecuar la jornada de 35 horas (eso para los que tienen la suerte de ser funcionarios), también. Un debate que “va para muy largo”, como reconocía la consejera de Gobernanza, Administración Digital y Autogobierno María Ubarretxena. Algunos sindicatos viven en la Arcadia feliz y al resto se nos queda cara de tontos, por decirlo finamente.