No todo lo que sentimos como hambre responde siempre a una necesidad real de nutrientes por parte de nuestro organismo; muchas veces comemos impulsados por emociones, por estímulos del entorno o por desequilibrios hormonales.
No todo lo que sentimos como hambre responde siempre a una necesidad real de nutrientes por parte de nuestro organismo; muchas veces comemos impulsados por emociones, por estímulos del entorno o por desequilibrios hormonales.