Siempre le dan papeles de malo, pero después de charlar con él no tiene mucho sentido. Culto, dialogante, accesible y con ideas firmes que defiende de frente, sin subterfugios, Carlos Bardem usa dos caminos para contar historias: la interpretación y la escritura. Seguramente el primero le dará más popularidad, pero el segundo le aporta "mucho más placer intelectual y personal", de manera que no puede vivir sin libros. Además, este licenciado en Historia y diplomado en Relaciones Internacionales cree que, en un mundo oscuro y frenético como este, pararse a leer y abrir un libro es un gesto revolucionario. Igual que el optimismo. "No hay nada más reaccionario que el pesimismo", defiende, convencido de que se puede pelear para cambiar las cosas.