En 1977 las fiestas de San Fermín terminaban con sabor agridulce, puesto que el claro ambiente aperturista se mezclaba con una evidente crispación política. En lo meramente sanferminero, la noticia más destacada había sido la trágica montonera del día 8, en el callejón de la plaza, que terminó con la muerte de José Joaquín Esparza Sarasíbar, de tan solo 17 años.