Cuarenta años después del accidente de Chernóbil, el peor desastre nuclear civil de la historia, la pregunta sigue abierta: ¿podría volver a ocurrir algo similar? La tecnología ha cambiado, los sistemas de seguridad se han reforzado y los reactores actuales funcionan bajo principios muy diferentes. En paralelo, el debate sobre su papel en el futuro energético vuelve a cobrar fuerza.