Para que podamos disfrutar de un buen plato de judías del Barco de Ávila, humeante, untuoso, tentador, es precisa la alquimia de los condimentos, el manejo de aguas, temperaturas y tiempos en el puchero. Hay que amar ese proceso. Servirlas suavemente con el cucharón. Mirar el plato con los ojos muy grandes. Soplar suavemente. Y agarrar la cuchara. Dejarse llevar por esa legumbre a la vez poderosa y delicada.