El día después a la caída del principal régimen populista en Europa -sin contar al de Moscú-, de la ruptura abrupta del diálogo entre Washington y Teherán que iba a acabar con una guerra que no existía pero que ya había ganado varias veces el amigo americano, y públicamente reprobada por el Papa, ¿quién podría competir en atención pública? Exacto, el juez Peinado.