Los salmones que nacen en el río Bidasoa realizan uno de los viajes más impresionantes del mundo natural. Tras su primer año de vida, descienden hasta el mar Cantábrico y emprenden una larga migración hacia el Atlántico Norte, llegando a zonas frías cercanas a Groenlandia, Islandia o las Islas Feroe, donde se alimentan y crecen antes de regresar al río a desovar.