A los 41 años, cinco después de colgar los esquís y tras someterse a una profunda reconstrucción de la rodilla derecha, con prótesis de titanio, Lindsey Vonn regresó a la competición decidida a participar por quinta vez en los Juegos Olímpicos de Invierno. La mejor velocista de la historia demostraba a las primeras de cambio que su retorno tenía fundamento. Con las victorias en las pruebas de la Copa del Mundo de St. Moritz y Altenmarkt-Zauchensee se convertía en la persona más veterana en ganar. Siete podios en ocho pruebas y un cuarto puesto alimentaban las esperanzas de medalla. Pero a diez días de su concurso en el descenso olímpico de la cita de Milán-Cortina, la estadounidense sufría un serio revés al romperse el ligamento cruzado de la rodilla izquierda. “Mi sueño olímpico no ha acabado”, proclamó.