Hacia 1960 el viejo palacio de Mendillorri era un edificio aislado y solitario situado entre campos, aunque antes había habido también una iglesita, que se encontraba ya en ruinas en el siglo XIX, cuando la vio el escritor Pascual Madoz. Según pudimos averiguar en su momento, el palacio fue construido en 1384 por el obispo Martín Zalba, y sufrió una reforma importante en 1498, a manos de un noble llamado Arnalt de Larrasoaña. De aquel edificio, el mismísimo rey de Navarra Juan de Albret dijo que se había construido “en manera sumptuosa”.