Cuando en el momento postrero el padre de Hamlet, protagonizado por el propio Shakespeare en la versión de Chloé Zhao, se interna en la oscuridad de la puerta de la muerte, se percibe que, detrás de ese velo negro, vigila Steven Spielberg, productor junto a Sam Mendes de esta película nacida para que el Oscar ampare su camino. Esa sensación de comisariado ético-político que Spielberg imprime a sus productos, mancilla algunas de las buenas ideas y desluce las mejores virtudes que palpitan en el interior de Hamnet.