La llegada a Bir Jaydah Mountain Wirkah se antoja una recta sin final, una agonía sobre asfalto recién incorporado al paisaje y el espacio suficiente para convertirlo en una pista de despegue. Jan Christen imaginaba que el punto de fuga, que se intuía en la garganta de las montañas no era un acuerdo con el infinito ni un entente con la supervivencia.