No estaba ni en el Estado español ni en Abu Dhabi, como se pensó en un primer momento. Cuando el rey emérito, Juan Carlos I, se enteró del fallecimiento de su cuñada la princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía, se difundió la información de que sus médicos le habían aconsejado que no se desplazase para tan poco tiempo.