Los encuentros con familiares o con amigos suelen resultar muy enriquecedores. Una comida, una cena, un aperitivo o un café son la excusa perfecta para reunirnos, charlar y pasar un buen rato. Sin embargo, aunque estemos con las personas que más queremos, llega un momento en el que sentimos la necesidad de irnos a casa. El cansancio aparece, la paciencia se reduce y nos seduce la idea de estar solos. Pues bien, no se trata de desinterés ni de falta de cariño, sino de que nuestra batería social se está agotando.