Te gusta la repostería. Haces pasteles que cosechan gran éxito. Tus amigos y familiares te piden que tu aportación a las celebraciones familiares consiste en endulzar el final de la comida. Pero un día te advierten que uno de los comensales tiene alergia o intolerancia al huevo, o que por prescripción médica motivada por un colesterol excesivo le han restringido o eliminado el consumo de huevo. O que esta vez, uno de los invitados es vegano y no consume productos de origen animal. Incluso, como ha ocurrido recientemente, la gripe aviar ha hecho estragos y la escasez de huevos los hace casi inalcanzables. ¿Te vas a rendir? No, hay opciones.