Las comisiones de investigación parlamentarias son una magnífica tribuna para explayarse a gusto. Con la única limitación de no faltar a la verdad –¡faltaría más!–, la persona compareciente tiene una ocasión propicia para dar su propia versión de unos hechos con la seguridad de que tendrá amplia repercusión, habida cuenta del seguimiento informativo que suscitan estos formatos.