La tarde aún no había terminado cuando el silencio de la campiña cordobesa se rompió con un estruendo imposible de olvidar. Dos trenes de alta velocidad, un Alvia de Renfe y otro de la operadora privada Iryo, colisionaron en una recta del tramo ferroviario entre Adamuz y Villanueva de Córdoba. El balance provisional es devastador: al menos 40 personas fallecidas, decenas de heridos y una línea estratégica paralizada durante días. En el lugar del siniestro, entre hierros retorcidos y vagones desintegrados, se concentran desde entonces los esfuerzos de rescate, las miradas de las autoridades y las preguntas aún sin respuesta.