El respeto a la diversidad ha avanzado muchísimo en las últimas décadas, aunque desafortunadamente en los últimos tiempos hay signos preocupantes de involución. Y sigue habiendo ámbitos en los que todavía resulta muy difícil salir del armario, como el del fútbol. Apenas hay casos, más allá de categorías inferiores, de jugadores (hombres, en mujeres es mucho más natural) que hayan hecho pública su orientación homosexual. Y es comprensible, viendo cómo algunos jugadores (Borja Iglesias, Aitor Ruibal o Héctor Bellerín) son insultados en redes sociales y en los campos por su decisión de llevar bolso, pintarse las uñas o defender al colectivo LGTBI. Y eso que son heterosexuales.