Nació como casi todas las últimas invenciones digitales: con muchísimo bombo y vocerío de herramienta revolucionaria. Cuatro años después, el proyecto es una incógnita y el principal inversor ha echado el freno. Hablamos del metaverso, esa especie de videojuego en el que los ciudadanos pueden participar con un avatar (como un muñeco, un monigote de juego) e interactuar como en la vida real, solo que en el entorno digital.