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Extremar

Extremar

El domingo, tras la final de fútbol africana, como en tantos sitios docenas de senegaleses salieron por Bilbao a festejar su victoria. Llevaban unas pocas bengalas, un par de tambores, tres canciones e infinita alegría. Nada nuevo bajo el sol, y menos bajo la luna. Hace medio siglo Paco Umbral describía la felicidad de los emigrados rurales cuando su equipo, pongamos el Albacete, jugaba en Madrid. La ocasión los reunía para olvidar las penurias del trabajo, intercambiar chismes de la patria chica y aliviar la melancolía. Si sus paisanos ganaban, corrían el vino de porrón y las lágrimas de la infancia.

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