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Los gritos del silencio

Los gritos del silencio

Tomo el título de aquella pavorosa película (1984) de Roland Joffé, donde se mostraba la crueldad de los totalitarismos (los Jemeres Rojos), porque el cuarteto número 8 en do menor de Shostakóvich y la sobrecogedora versión del Cuarteto Quiroga, marcaron un hito en la larga vida de programas del Gayarre: más de medio minuto en un silencio sepulcral (nunca mejor dicho) del público que meditaba, sin duda, sobre lo escuchado y lo que significa en tiempos convulsos. (También influye la cercanía de un teatro de herradura). Fue la cima de la velada, desde luego, pero, además una de las versiones más sentidas que hemos escuchado de ésta partitura que refleja, en gran medida, la vida, siempre en vilo, del compositor. La irrupción de los golpes de arco del tema (que Shostakóvich repite en otras obras) sobre el pianísimo expectante, misterioso y absolutamente demoledor, fue como gritar en el silencio con desesperación. Una tarde que quedará en el recuerdo de los oyentes. El sonido de los Quiroga se basa en extremar los contrastes a partir del matiz pianísimo. Es impresionante la delgadez de sonido que logran, con el riesgo, casi, de quedarse en silencio. Tan cerca del silencio que hay que agudizar la escucha, y quedarse en una cierta ansiedad de apertura. Ese contraste fue magistral en Schostakovich, al comienzo y al final, con un desarrollo central que nos alivia un poco del drama.

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