En el Tour de Romandía, apurado económicamente por la ausencia de un gran patrocinador, se mantiene la cultura de los prólogos, que son un suspiro, una crono en apnea. Fugaces. Sin darle tiempo al tiempo en el país de la relojería. Posarse en la rampa de despegue, volar un instante y aterrizar. Ese era el plan en la prueba suiza.