El recorrido de mi avión por encima del Líbano es tranquilo, pese a que abajo las bombas aguardan mientras los judíos invaden, arrasando, las tierras de los míticos cedros. En Dubái persiste la amenaza de drones persas y bombas norteamericanas. Alerta máxima en los Emiratos Árabes Unidos, donde ostentan construcciones asombrosas que casi superan al Manhattan neoyorkino y no solo por su altura, con automóviles que circulan obscenamente chapados en oro puro, algunos incluso con polvo de diamantes, en aberrante ostentación, mientras tantos padecen necesidades.