Aitor Rauleaga se apoya en una cocina de raíces firmes, sofritos trabajados con paciencia, jugos de cocciones prolongadas y un apego evidente a ese recetario clásico que todavía hoy sigue emocionando cuando se ejecuta con criterio.
Aitor Rauleaga se apoya en una cocina de raíces firmes, sofritos trabajados con paciencia, jugos de cocciones prolongadas y un apego evidente a ese recetario clásico que todavía hoy sigue emocionando cuando se ejecuta con criterio.