El dramaturgo pamplonés Alfredo Sanzol se suele dejar “guiar por el deseo de tocar partes de la realidad” que quizá no entiende o que le parecen interesantes, y lo hace “sin medir el riesgo”. Con La última noche con mi hermano ha seguido el mismo método. En este caso, ha pretendido subir a escena temas como los cuidados, la enfermedad, la muerte, la aceptación o la fraternidad, poniendo énfasis en esta última, ya que el fallecimiento de un hermano o de una hermana es “el duelo menos acompañado” que existe.