Hubo una época, no tan lejana, en la que Stefanos Tsitsipas se consolidó como jugador de primer nivel. Era la representación de una nueva hornada sobre las pistas. Formaba parte de una remesa de pocos jugadores considerados como los sucesores más probables del conocido como Big Three que formaron Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic, de quienes se pensaba que se aproximaban a los finales de sus laureadas carreras deportivas. De eso no hace tanto, casi un lustro, cuando a los 22 años alcanzó el número 3 mundial y se convirtió en el primer tenista griego en disputar una final de Roland Garros.