La frase resonó en Múnich con la intención de provocar y el eco de una campaña permanente. En la clausura de la Conferencia de Seguridad, Kaja Kallas afirmó que “la Europa woke y decadente no está amenazada por el borrado de su civilización”. No era solo una respuesta a Donald Trump. Era, sobre todo, una réplica a un marco narrativo. A la caricatura de una Unión Europea débil, acomplejada y al borde del colapso cultural. La seguridad ya no se discute únicamente en términos de tanques y presupuestos. Se debate también en el terreno simbólico. En la batalla por el relato. Y ahí Europa ha decidido no replegarse. La pregunta es si sabrá sostener esa firmeza más allá del aplauso retórico.