Los Juegos Olímpicos, tanto los de verano como los de invierno, suelen traer consigo hazañas deportivas, como es lógico, pero que llegan de la mano de historias personales que a veces tienen incluso más repercusión que lo puramente competitivo. Se está pudiendo comprobar en los de Milán-Cortina: el esquiador que desvela a las cámaras su infidelidad para pedir perdón a su exnovia, los que reaccionan en contra de las políticas migratorias de Trump, el que huye de la pista a un bosque porque acaba de perder un oro que quería dedicar a su abuelo recientemente fallecido y muchas otras vivencias que van más allá de lo profesional.