La llamada letra pequeña de los contratos es, en muchos casos, la que contiene la información más importante para el consumidor. Tipos de interés, comisiones, penalizaciones, obligaciones o vías de reclamación suelen aparecer en un texto minúsculo que hace que su lectura y su comprensión resulte difícil. Sin embargo, lo que durante años se ha asumido como algo normal, de un tiempo a esta parte tiene consecuencias legales: un contrato puede ser declarado nulo si el tamaño de su tipografía no cumple con la ley.