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Exuvia, broche de oro

Exuvia, broche de oro

No cabía un alfiler en la Sala 2 de Zentral, el viernes pasado. Era el último concierto de Exuvia y la despedida de su cantante. Una noche especial, sin duda. Primero entró Carlos, que se quedó sentado frente a su batería. Después apareció Patxi, que rápidamente agarró su guitarra y se marcó una breve introducción con su compañero. Quizás quisieran entrar en calor, pero lo cierto es que aquello sonó muy tranquilo en comparación con lo que estaba por llegar. En cuanto terminaron, subió al escenario Amaia, como una boxeadora punkrockera con las formas de un ciclón. Personajes, tema extraído del epé que publicaron hace un par de años, fue el arranque de la tormenta que, durante unos sesenta minutos, asoló sin clemencia la sala. Si algo se puede afirmar de este grupo es que tiene una puesta en escena arrolladora. Uno queda sepultado bajo la ruidera que facturan, y abrumado ante la rotundidad de su espectáculo. Siendo un trío, sin más instrumentos que la batería y la guitarra eléctrica, cada miembro del combo tiene que dar el 200 % de su capacidad. Carlos golpea con una furia animal la batería; Patxi fabrica un muro de grueso hormigón con su guitarra, tocándola de tal forma que no se echa de menos el bajo; y Amaia es la encargada de poner voz a semejante derroche de distorsión, además de bailar, saltar y repartir patadas al aire. También se pasea entre el público, invitándole a cantar con ella. Una front woman, en definitiva, de las que se comen el escenario, y una banda que te atropella y te pasa por encima.

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