La subida del salario mínimo suele presentarse como un avance social, pero su impacto real es desigual. El coste de la vida varía enormemente entre grandes ciudades y entornos rurales, lo que hace que un salario mínimo uniforme resulte insuficiente en unos lugares y difícilmente asumible en otros, especialmente para pequeñas empresas y explotaciones del medio rural.