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Morgan, un hotel de cinco estrellas

Morgan, un hotel de cinco estrellas

Con la sala a reventar y habiendo dejado cinco minutos de cortesía, los componentes de Morgan salieron al escenario para comenzar su actuación con Planet earth, un tema que va de menos a más, que empieza en la introspección para terminar en una potente exhibición instrumental. Esa canción contiene bastantes de las señas de identidad que han encumbrado a la banda: la voz de Nina, profunda y emocionante; las texturas americanas de su música; la exuberancia instrumental, propia de un sexteto que vive en la carretera y que, a estas alturas, se puede decir que ya toca de memoria. Ese callo que han cogido se percibe también en la propia Nina, una cantante con una garganta privilegiada que todavía mantiene esa timidez que la caracteriza desde sus inicios, pero que, con el paso de las giras, ha ido ganando peso específico, tanto en lo vocal (nunca tuvo carencias en este campo, pero también ha crecido en él), como, sobre todo, en lo escénico; si en los primeros años se parapetaba detrás de su teclado y hablaba lo justo con el público, ahora se la ve dominado el espacio, con muchas más tablas, e incluso levantándose para cantar varias canciones desde el mismo centro del escenario.

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