En un contexto en el que llenar la cesta de la compra resulta cada vez más caro, los consumidores ya no solo se enfrentan a la inflación tradicional o a la conocida reduflación, que consiste en ofrecer menos cantidad de producto al mismo precio. Y es que en los últimos años hay una práctica, más silenciosa y difícil de identificar, que va ganando protagonismo: la llamada cheapflación.