LA tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) es de un impacto emocional severo al que es preciso responder desde la solidez de las instituciones y la práctica democrática ética de los políticos. Las familias de las víctimas y el conjunto de la sociedad merecen recibir verdad, rigor y respeto. Para ello será preciso el compromiso con una investigación técnicamente impecable y dotada de todos los medios necesarios, tanto en el plano pericial como en el judicial, sin perder de vista que la rapidez se mide en semanas o meses, no en horas.