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La ciudad suiza en la que no cabe ser neutral

La ciudad suiza en la que no cabe ser neutral

Todo apunta a que, esta vez, a Donald Trump se le está yendo la arrogancia de las manos. Lo que no garantiza que vaya a topar con la horma de su zapato. Sus pretensiones sobre Groenlandia son como meterse en casa de un amigo -Dinamarca- que te deja ir a ver el fútbol y llevarte el televisor porque te encaja en el salón. Trump no se conforma con elegir la programación y dominar el mando a distancia: quiere la pantalla para él solo.

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