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Castilla y León, reválida para un bipartidismo que busca frenar la sangría

Castilla y León, reválida para un bipartidismo que busca frenar la sangría

Los resultados de los comicios autonómicos del pasado 8 de febrero en Aragón replicaron, en lo fundamental, los que se dieron mes y medio antes en Extremadura, donde se inició un tour electoral por el Estado que se prolongará hasta los albores del próximo verano. Estas dos primeras citas territoriales con las urnas se han saldado con sendos batacazos del PSOE, marcando en ambos casos sus peores registros históricos en las citadas comunidades. Y en las dos el PP ha sido la fuerza más votada, aunque con victorias pírricas, cayendo en porcentaje y número total de votos y cediendo incluso, en el caso de Aragón, dos escaños con respectos a la convocatoria anterior. Ni en Génova, y qué decir de en Ferraz, ejes en torno a los que ha girado el poder desde la década de los 80 del siglo pasado, están para echar cohetes, pues sienten ya en la nuca el aliento amenazador de un Vox crecido tras haber doblado su presencia en ambos parlamentos y haber sido, a todas luces, el gran vencedor en ambas elecciones. Y a la vuelta a la esquina, dentro solo de un mes, está el próximo test: el de Castilla y León. Se trata de una auténtica revalida para el bipartido tradicional, obligado a frenar a la sangría que le está provocando la subida imparable de la ultraderecha.

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