Es práctica asentada en la actividad política extender cortinas de humo para ocultar con hechos menores, a los que se da mucho bombo, otros de mayor incidencia e impacto social. Su eficacia está demostrada y basta con asomarse a la actualidad para comprobarlo. El fútbol, que bebe de todas las fuentes, incluidas aquellas que suministran agua contaminada, también maneja con habilidad esas argucias. Basta con ver y escuchar la mayoría de tertulias difundidas desde Madrid al extrarradio peninsular y cómo retuercen los argumentos y las imágenes a beneficio de sus intereses hasta poner en duda lo que a todas luces parecía una verdad incontrovertible.