Reactivado el curso político en el Congreso, ayer tocó algo que empieza a ser un clásico: la reprobación a un ministro de Pedro Sánchez. La del de Transportes, Óscar Puente, era de cartón y lleva al mismo punto que las seis veces anteriores: ninguna parte. Pero incide -o sea, repercute- en ese caldillo de malestar y sensación de mala gestión que le permite a la derecha cocer el voto sin condimentarlo con algo que le dé gusto. No sé, alguna solución o propuesta.