Era delineante. Se dedicaba al diseño de planos para proyectos de arquitectura e ingeniería, así que conocía a la perfección los materiales que se requerían para el oficio. En 1985, Pedro Ardanaz cambió de rol y, en vez de ir a comprar instrumental, pasó a ser el que lo vendía. Más de cuatro décadas después, la “papelería técnica”, como a él le gusta llamar a la tienda, se queda sin relevo porque, a sus 67 años, Pedro se jubila y todavía no ha encontrado comprador.