Titulaba hace unos días Aitor Silgado (arquitecto) su artículo en el periódico “Un jurado de chiste”, refiriéndose a quienes van a dictaminar el futuro del Monumento a los Caídos y en el que sólo hay dos arquitectos, de confianza de Asirón. Él mismo, como profesor de Historia del Arte, abogados, una periodista y un técnico en Electricidad industrial y menos mal, una experta en memoria histórica. Se supone que hay alguien más en ese concurso internacional de arquitectura para la transformación del Monumento a los Caídos y su resignificación, pero la verdad es que no sé si son las personas mejor indicadas para esta actuación. Se trata de un proyecto urbano y patrimonial que va a reseñar a la ciudad. De antemano tres partidos políticos han llegado a un acuerdo sobre qué elementos se van a eliminar o modificar. No es de extrañar que el Colegio de Arquitectos se haya apartado de su redacción, porque consideran que el concurso no es libre, y viene con ideas impuestas desde la política, no desde un criterio técnico.