A Marcos, a Dani y a Julen nadie les enseñó a violar. No hizo falta. Nadie se sentó frente a ellos para explicarles cómo ejercer la violencia ni cuándo cruzar un límite. Lo que aprendieron fue otra cosa, mucho antes, y en diferentes lugares.
A Marcos, a Dani y a Julen nadie les enseñó a violar. No hizo falta. Nadie se sentó frente a ellos para explicarles cómo ejercer la violencia ni cuándo cruzar un límite. Lo que aprendieron fue otra cosa, mucho antes, y en diferentes lugares.