Las diputaciones vascas han fijado un impuesto turístico de entre 0,75 y 5 euros que gravará las estancias diarias según el tipo de establecimiento, aunque los ayuntamientos podrán imponer recargos cuando el municipio supere las 750 plazas de alojamiento, hasta un máximo de 7,5 euros, pero también bonificaciones en localidades más pequeñas.