La transición hacia un momento de paz y convivencia no suele ser perfecta ni lineal. Siempre quedan tareas pendientes, por desgracia, pero hay algunos retos que se pueden jerarquizar. Si la tríada verdad, justicia y reparación es la base para cualquier política hacia las víctimas, la deslegitimación social de la violencia se presenta como una necesidad que da consistencia y durabilidad a la apuesta por la paz y la memoria.