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Ponga un tutú en su vida

Ponga un tutú en su vida

En cuestión de dos días han pasado por nuestra ciudad dos compañías de ballet clásico con dos de las cumbres del repertorio: El Lago de los cisnes y La Bella Durmiente. A juzgar por el gran éxito de público, nadie diría que la disciplina de las exigentes “puntas” y la estética de los tutús este en crisis; y, sin embargo cada vez es más difícil asistir, incluso en los teatros de primera fila, a una representación con orquesta en el foso y las grandes estrellas. Lo que nos llega aquí no es desdeñable, hay protagonistas más que correctos (sobre todo en féminas) y se suele salvar ese aire tradicional y académico. La compañía “Théatre Classique” trajo a Baluarte un Lago bien vestido, sobre telones eficaces –con ese matiz vintage-, un cuerpo de baile nutrido (bueno en las mujeres y muy bisoño en hombres), unas “demisolistas” más que correctas, un primer bailarín correcto y una excelente primer bailarina –(no se facilitan los nombres de los artistas)-. Lo bueno que tiene El Lago es que hay coreografías que siguen vigentes desde que Petipa las creara, y las hemos visto bailar a lo largo de muchos años a grandes bailarinas, así que podemos establecer comparaciones fidedignas sobre su calidad; esto ocurre, por ejemplo, con las 32 “fouettés en tournant” que la protagonista hace como culmen de su “pas de deux” de Cisne Negro, en el tercer acto; y la intérprete las bordó, con un eje perfecto, y sin recargarlas con dobles giros, (ahora muy en voga), que a mí me resultan un tanto circenses. Lo mismo ocurre con el famoso paso a cuatro: aquí fue impecable. Y también el alarde de sincronía en dúos, tríos y cuerpo de baile. El bailarín primero, algo rasante en el vuelo, sirvió, sin embargo, a su partenaire un paso a dos muy compenetrado, con lucimiento de los dos. Grandísima ovación de un público entregado y que supo, también, aplaudir los finales de sección.

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