Su primer contacto con el mundo de la joyería fue hace más de una década, mientras vivía en Nicaragua. Allí, la vecina del pequeño pueblo de Aria (valle de Aezkoa) Itziar Berruezo Juandeaburre quedó “maravillada” observando a un artesano local cómo fundía y soldaba la plata. Sin saberlo, aquella experiencia sería el germen de lo que hoy se ha convertido en su medio de vida: Emeki Joyas. Formada en telecomunicaciones y con un espíritu inquieto que la ha llevado a explorar diversos ámbitos laborales y creativos, trabajaba como ingeniera en una empresa pública en Pamplona cuando la joyería volvió a llamarle a la puerta. Tras realizar un curso con la joyera de Pamplona Begoña Conde, en 2019 tomó la decisión de cursar un Grado Superior de Joyería Artística en Donosti. “Me apetecía profundizar más en la joyería y dar espacio a esa parte creativa que sentía que en el trabajo no estaba pudiendo desarrollar”, explica. Su apuesta fue determinante: “No me he arrepentido ni un solo día. Para mí fue una decisión necesaria y ahora siento una calma interna de estar donde quiero estar”, confiesa.