Oímos un estruendo y supimos que no era un temblor de la tierra en Caracas, situada en un estrecho valle formado por la cordillera de la costa, sino que provenía del cielo, y corrimos a los balcones y pudimos ver el enorme avión que se elevaba con dificultad en el aeródromo de La Carlota, solo apto para helicópteros. Sobrevolaba a duras penas sobre nuestras cabezas y se perdía hacia el oeste de la ciudad. Comprendimos que algo grave ocurría y, con los medios de la época, nos fuimos informando que el dictador militar Marcos Pérez Jiménez había sido derrocado por el ejército, los estudiantes y la Iglesia, tras años de mandato autoritario. Fue en su tiempo cuando entraron las grandes empresas petroleras americanas con sus potentes maquinarias para refinar el petróleo y se dio el auge económico que favoreció a la economía del país. Por cierto, la suya propia. Del militar y su familia.