La repentina llegada del calor ha provocado que la capital ribera lleve días bajo nubes de mosquitos. A las molestias habituales se suman las consecuencias para la hostelería. Terrazas vacías en hora punta porque es imposible soportar los picotazos
La repentina llegada del calor ha provocado que la capital ribera lleve días bajo nubes de mosquitos. A las molestias habituales se suman las consecuencias para la hostelería. Terrazas vacías en hora punta porque es imposible soportar los picotazos