Nos vacunan desde pequeños casi sin que nos demos cuenta. Forma parte de nuestra infancia, de las revisiones médicas y de una manera de cuidarnos antes incluso de enfermarnos. Las vacunas no curan, pero previenen: preparan al sistema inmunitario para reconocer amenazas reales y responder a tiempo, evitando enfermedades graves, secuelas e incluso la muerte.