La ultraderecha es como los alucinógenos, la voten mil personas o millones de individuos. Ahora hay quien apunta a Letizia como especie de roja peligrosa. ¡A la reina Letizia! El integrismo siempre desconfió de una monarquía que no le baile el agua. Nada nuevo bajo el sol. Los ultras ven enemigos, sospechosos y traidores por todas partes. Eso incluye a Letizia, al PP y al Papa de Roma, imprimación antisistema muy del gusto falangito. Mientras tanto la política estatal sufre una clamorosa fatiga de materiales, envuelta en una espesa nostalgia que el señor de los bonsais cultiva con auténtica dedicación. Hace medio siglo los nostálgicos apenas salían del búnker; ahora van zumbando su resquemor en cada esquina, mientras parte de la izquierda anda lastimera, otra no quiere enterarse de nada y otra saca la calculadora.